¿Qué ha pasado el día 8 en realidad?

Para alegría de la mayoría e insatisfacción de algunos pocos, el Alarde de Hondarribi ha transcurrido sin incidentes remarcables, al menos hasta donde sabemos. Matizo así porque en este enfrentamiento tan antiguo, como en casi todos los enfrentamientos de cierta complejidad, resulta complicado informarse bien. En la época en la que un solo tuit de un “influyente”, con sus escasas cuarenta palabras, cala y mueve masas, las reflexiones profundas, críticas y completas parecen tan pasadas de moda como los pensadores.

Siento simpatía hacia las mentes críticas y abiertas que, no siendo oriundas de Bidasoaldea, preguntan inteligentemente por el Alarde. Sin juzgar, sin echar en cara, solo intentan comprender qué diantres pasa aquí. Cómo es posible que las mujeres de dos pueblos modernos den la espalda mayoritariamente a una alternativa que se vende igualitaria. En esta tarea, creo personalmente que al menos los defensores del Alarde no lo hemos hecho tan bien como debíamos.

Leo las reacciones (la prensa) sobre el pasado domingo y, en fin, considero que más gentes han fallado y fallan en este cometido. Sí, hablo de los medios. No es nuevo que en 2019 adaptan su oferta en función de criterios que se escapan -y mucho- de ofrecer información veraz y de calidad. En el caso del Alarde, vuelvo a comprobar que por lo general cuentan, tergiversan u ocultan en función de su línea ideológica (a ver qué medio mayoritario dice una palabra en este país en contra de un discurso hegemónico, sea neoliberal, feminista…). Parece que su cometido fuera más bien convencer de X que facilitar la exposición de perspectivas y un debate abierto. Que el año pasado trascendieran las agresiones efectuadas desde Jaizkibel y algunos de sus simpatizantes da al gran público una imagen algo más completa de la realidad.

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Jaizkibel en la Calle Mayor. Fuente: naiz.eus. El Gara, también, con su habitual parcialidad a la hora de escoger las fotos.

Hablo también de representantes políticos, institucionales y demás influencers del meollo. Su arrojo a la ligera con el tema nos ha precipitado a un callejón sin salida. Los problemas sociales y de convivencia, sin embargo, no se solucionan, como vienen haciendo hasta ahora, a golpe de talonario (principalmente a favor de una de las partes, todo sea dicho). Pagar y marchar. Uno no puede confiar tampoco en declaraciones de estos ínclitos, pues son presa de su propio poder, que mana de los votos, y a ellos se deben: a sus votantes. Sus intervenciones, por tanto, tienen un fin mayor lejos de dar luz al entuerto.

A los foráneos, ¿cómo informarse entonces sobre lo que realmente pasa? Pues mediante observación directa. Venir, ver, vivir, sentir, preguntar, escuchar. Aislarse un ratito del discurso hegemónico y usar la razón y el sentido común. Buf. Suerte.

Habló una (sola) mujer

Una periodista se lamentaba de que en la larguísima sesión del Congreso de ayer solo una mujer hubiera intervenido. Siendo el indicador nº mujeres intervinientes sobre total intervinientes, el resultado parece muy negativo.

Pero los indicadores, no así las mentes humanas, son asépticos, objetivos, no tienen intencionalidad, solo miden. Otra cosa es cómo los interpretamos. Ayer, solo una mujer habló en el Congreso (ratio =1/tropecientos), pero como decía el profesor de Análisis de Balances, si bien leer los ratios está muy bien, lo importante es saber leer qué quieren decir. Y para esto último hace falta mucho conocimiento del contexto.

¿Cómo interpretar ese 1?

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La 1. La mujer (foto de EFE).

Por un lado, están los que leen que ese 1 será siempre un dato nefasto, que cuando se plantea un espacio con insuficiente presencia femenina (¿cuánta es suficiente?), ponen el grito en el cielo y todo su esfuerzo en la tierra para hacer subir ese 1 a 2. Guau, hemos doblado la presencia femenina. Por otro lado, los que templan los números interpretados en su contexto, los que leen que la realidad humana es más rica y diversa que las estadísticas, y proponen medidas más light, lentas y armónicas. Para estos, el objetivo no es subir de 1 a 2; la subida es la consecuencia.

Veo esto a diario replicado en el ámbito de la gestión: muchos anteponen la mejora del indicador a la mejora de la realidad (¡es para medir la mejora de la realidad para lo que se puso el indicador!). Las mayores quiebras de la historia se dieron con unos ratios financieros impecables. Una medición mal diseñada ha premiado a calañas de directivos de nefasta y egoísta gestión, que como sociedad nos han salido muy caros.

Así las cosas, quienes creen que el objetivo es conseguir la paridad en todos los espacios se distancian de los que creen que la realidad (incluso la propia idea de igualdad) es más compleja. A veces cuesta distinguir quién desea que un espacio muestre una cuota de igualdad de quién siente rechazo hacia un espacio porque no cumpla la cuota y quiere desplazar la presencia masculina. Truco: las medidas propuestas para conseguir ese objetivo común serán distintas en función del enfoque.

Medidas. Es aquí donde más importante es ponerse de acuerdo y donde más chungo está el tema. El debate se distorsiona y apesta a guiso requemado. Los primeros, curiosamente, no reivindican el papel de la mujer en el sector de la construcción. Los segundos pueden resultar inmovilistas ante los ojos más exigentes (¿no os recuerda esto, en cierta forma, al Alarde?). El enésimo enquiste nacional está servido.

En definitiva, es el antiguo debate entre la moderación y la radicalidad, entre la evolución y la revolución. Las distintas formas de entender el progreso que debilitan al progreso frente al conservadurismo. Historia de España.

¿Por qué no me hace feliz?

Saqué mi nueva moto para ir a trabajar y me quedé contemplándola un rato desde la puerta del garaje, escuchando la música del ralentí brum-brum-brum que despertaba a los vecinos, admirándola. Menudo pepino, pensé. Me monté y seguí dándole vueltas. Apenas tiene medio año, va como un cohete, anda lo que necesito y más. Pero ya no me hace ilusión.

Recuerdo que a eso de los 14 ya estaba loco por los coches y aprendí a aparcar. ¡Qué ilusión me hacía aparcar! A los 16 me saqué el carné de moto. Me venía bien y disfrutaba cuando mi novia de entonces me dejaba su moto para que le llevase (yo pesaba demasiado para que ella nos llevase a ambos). No sé muy bien por qué, pero a los 17 me compré  mi propia moto y empecé a llevar a mi novia en la mía. Nunca me habían apasionado, pero gocé como un enano los años que tuve aquella burra. Cuando salía de clase, cogía la ruta larga y me hacía la carretera de Olaberría para ir a casa desde el insti. Diez kilómetros en vez de dos.

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De curvas con mi antigua burra, inmortalizada gracias al buen gatillo del colega Ander F.

Lo mejor vino cuando a los 18 años y un día me saqué el carnet de coche y me compré con mis ahorrillos aquel 206 juguetón. Qué buenos ratos. Muchas anécdotas, muchos viajes, alguna macarrada. Vio Madrid, Barcelona o Alicante. Conoció a árbitros, amigos y chavalas durante años.

Y heme aquí, sobre mi nuevo pepino de moto, absolutamente apático. ¿Qué falla entonces? Hablando claro, ¿por qué no me hace feliz esta nueva máquina?

Pues porque el análisis, chaval, ha sido incorrecto -me aclara Pepito.

Confundimos deseo con felicidad verdadera, placer duradero. Lo que de verdad me hacía feliz con 16 años era poder ir a sitios con mi novia. Lo que me hacía feliz con 18 era esa sensación de libertad, de poder ir a cualquier sitio sin pedir favores ni dar explicaciones. Y ahora, felicidad no es la moto, sino poder salir esporádicamente de ruta con amigos, de egunpasa con la novia o aparcar en la puerta de la ofi y ganar tiempo, o poder enlazar unas curvas cuando necesito imbuirme en mi mundo y dejar la mente en blanco.

Lo que te hace feliz no es la moto. La moto es el capricho, el deseo. Lo que te hace feliz es la gente, la libertad y sentirte vivo. Cosas que, fíjate, no se pueden comprar.

Tú también sabes qué hacer con tu vida, ¿verdad?

No tengo claro qué quiero hacer en mi vida, me lanzó triste mi amigo. En un intento de arrojar luz, apoyado en mi amplia experiencia de 2 años y medio en el mundo laboral y en mis objetivos férreos y claros, le aconsejé. <<Proyéctate con 30 años. Empieza desde lo personal, cosas sencillas -como si te ves o no con pareja- y ve haciéndote preguntas que te ayuden a bajar a lo concreto. Que te permitan discernir lo que de verdad te importa. Si tu siguiente paso te acerca adonde quieres estar a los 30, es un buen paso.>>

Siendo honesto, jugar a saber de la vida es divertido (para mí). Es más, si te lo crees un poco, dota a tus pasos de un aplomo que a menudo deja una perceptible huella. Lo cual no convierte a tus pasos en acertados (¡qué va!) ni tu dirección en la correcta.

Aquel día, como el profesor que da respuesta improvisada a una audaz pregunta, me fui dándole vueltas al tema mientras conducía de vuelta a casa. Discernir lo que de verdad importa. Acercarte adonde de verdad quieres estar. Palabras muy grandes para cualquier consumidor habitual de rutina, estrés y autoayuda.

Ya he escrito anteriormente sobre lo poco que nos paramos a reconectar y pensar en nuestro rumbo. Creo que a pocas personas les gusta de verdad su trabajo. Pocas personas tienen la vida que de verdad quieren. Pero polideportivos, tabernas y tiendas rebosan de profetas improvisados que, como yo aquel día, pecan de exceso de confianza y osadía para sermonear. Para dar lecciones de vida de los demás. Y lo cierto es que no somos ni curas, ni humanistas, ni psicólogos; aunque bien nos vendría escucharles un poco más para llevar unas vidas un poco más humanas, conectadas con nosotros mismos. Más felices.

Todo esto me recuerda a aquel que decía sobre ligar: if you are not confident, pretend it… It will come! Porque, claro, tú y yo sí que sabemos lo que de verdad nos importa y nuestra meta, ¿verdad? ¿VERDAD?

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Un libro que he pillado por ahí que igual da respuesta a algunas cosas. O igual no. Pero hoy le hago publi gratis.

El abrazo más caro de la historia

Algunas anécdotas son tristes y otras son alegres, pero esta no he podido clasificarla aún.

Siempre me ha gustado la carretera nacional de Navarra (N-121), especialmente en su tramo sur. Dejas atrás el paisaje abierto de Pamplona para surcar unos ligeros desniveles, mientras el entorno se vuelve mucho más agrícola. Pasas Tafalla y el escenario se vuelve multicolor y completamente abierto. Finalmente, atraviesas unas curvas por un bosque y sales a la Ribera. Me la sé de memoria, de niño mi padre me llevaba y ahora la disfruto yo mientras dejo que la riqueza de Navarra me sorprenda.

Hoy he vuelto a tomarla, pero ha sido diferente.

Volvía de una cita en la Ribera, de un pueblo en el que tengo un par de parientes. Digiriendo lo que había vivido, pues desgraciadamente no voy mucho y he disfrutado como un enano. Absorto en mis pensamientos, dejando atrás el sol y el cierzo, en un día agradable de invierno, con mi chica apoyada en mi hombro, en silencio. De repente, atisbo por el retrovisor que un todoterreno conduce muy pegado a mí. Leo en la matrícula “PGC” (Patrulla de la Guardia Civil). Reparo en que llevan las luces de emergencia encendidas.

Pongo el intermitente a la derecha y me meto un poco en el arcén para que puedan pasar. Me adelantan y el copiloto me hace un gesto de que les siga. Desconcertado, reanudo la marcha. Mi novia cree que habré malinterpretado el mensaje, pero paran un kilómetro más adelante en un merendero, haciéndome una señal inequívoca. Me paro tras ellos, pensando en que no conducía rápido.

Un agente con mala uva se baja y pide nuestra documentación y la del coche, mientras revisa la pegatina de la ITV –al día, claro. Se vuelve al Patrol. Yo en el coche, flipando. Vuelve el susodicho con su compañero. “Bueno, me dirijo a usted primero –dice mirando a Laura-. La razón por la que les hemos parado es que nos hemos cruzado con ustedes de frente y hemos visto a la chica recostada sobre usted. La postura es muy peligrosa y no se veía si llevaba cinturón de seguridad. En caso de accidente, podría causarle unas lesiones muy graves. ¿Lo entiende?”. Sí, claro. “Bien, ahora con usted –me toca-, es su responsabilidad que los ocupantes lleven el cinturón y vayan bien sentados. Además, en esa postura, podría distraerse y en caso de peligro no reaccionar con la misma agilidad. ¿Lo entiende?”. Sí, claro. “Bien, pues que sepan que por lo primero serían 200 euros y por lo segundo 80, ¿entendido?” Sí, claro.

Se vuelve al coche. Alucino –murmura Laura. ¿Cómo dice? –inquiere hostil el compañero que había permanecido en silencio. “Mire, lo que hemos hecho está mal, efectivamente, es peligroso. Ustedes hacen su trabajo lo mejor posible y habrán visto barbaridades. Yo también trago mucha carretera y veo mucha macarrada impune, así que me sorprende que nos vayan a denunciar por esto”.

Todavía no tengo muy claro de qué va la fiesta, pero las esperanzas de que solo vayan a comprobar la documentación van disminuyendo.

Vuelve el capo. “Esto sería el motivo de la denuncia –me explica, extendiéndome la receta-. Son 80 euros, 40 por pronto pago”. Reviso el papelito, todos los datos son correctos. Vale, agente. De todas formas, en cuanto a pedagogía, me hubiera servido lo mismo si no me hubiera puesto la denuncia”.

“Atrás se indica cómo puede beneficiarse del descuento” –es cuanto obtengo por respuesta. No mercy.

Pues nada, una PGC se ha dado la vuelta hoy en una de mis carreteras favoritas para denunciarme por conducir con mi novia apoyada en mi hombro. Juzguen ustedes. El abrazo más caro de la historia ha resultado todo un riesgo para la seguridad vial. No hay piedad para los románticos, pienso mientras reanudo la marcha, con una impotencia de narices y con dudas (¿razonables?) acerca de las prioridades de ciertos miembros del cuerpo policial y del Estado.IMG_20190105_213845.jpg

Seré un macarra, pero lo repetiría… ¡Viva el romanticismo!

Todos a la fosa común

Las redes se han llenado de chismes, embustes y argumentos de poco recorrido desde la noche del domingo. De izquierdas y de derechas.

Concretamente, sectores de la “izquierda” están de pataleta descomunal. Caricaturizar al votante de VOX, señalándolo como xenófobo, heteropatriarcal, opresor, violento, misántropo, anti-animalista y venerador de Franco; aseverar que es más tonto, en definitiva; es un análisis simplista e infantil.

Siguiendo esa lógica, los votantes de Bildu son ETA y los de Podemos comunistas. Me entristece la ligereza con la que quienes no tienen ni idea sobre la realidad social/económica/política de Andalucía hablan de “vergüenza” o “estupidez”. A mí lo que me avergüenza es la superioridad moral con la que se sienten, no 400.000 andaluces, sino 5 millones de tuiteros no andaluces que se dicen progresistas. ¿Por qué pensáis que la gente que ha votado a quien no les ha jodido todavía es más tonta que vosotros?

Bien haríamos los progresistas (y todos) en hacernos un par de preguntas y empatizar antes de decir que el vecino es gilipollas. Si el PSOE ha caído en Andalucía, algo habrán hecho mal durante años (o algo habrán dejado de hacer). En política, juzgar solo por lo que se dice es error de bulto. Dije que iba a bajar los impuestos y los estoy subiendo, que diría Mariano.

Si queremos ganar al fascismo, al falangismo, no podemos pretender hacerlo en su juego, porque ahí nos ganarán siempre. Tenemos que rescatar los verdaderos valores progresistas y liberales: el debate, la búsqueda de la verdad, el respeto, el razonamiento. Tenemos que demostrar mediante la razón por qué son una elección peor, con argumentos de verdad, maduros. Descalificarles sistemáticamente solo los hace más fuertes. Los políticos, por su parte, tienen que solucionar nuestros problemas, ser una alternativa real, pues son ellos los que llevan años (40 los viejos, 4 los “nuevos”) sin tangibilizar en bienestar efectivo sus discursillos. De un color u otro, han cavado una fosa común a la que nos vamos todos (o casi todos) de cabeza.

Si los progresistas creemos que podemos llevar un país sin contar con los conservadores, sin escucharles o dejarles hablar, obviando los principios que nos diferencian, estamos acercándonos bastante a características de perfil fascista. Estamos siendo tan sectarios como ellos. Estamos siendo peores que ellos.

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Abascal delante de la bandera nacional. Le sienta mal el rojo.

¿Castilla o Euskadi? Reflexión seria sobre La Rioja

Tengo un debate eterno en la cabeza que no termino de resolver: no sé si La Rioja es Castilla o es Euskadi. Para tratar de resolverlo, me he dado una vuelta por allí otra vez.

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Un atardecer por el valle.

Lo cierto es que si son castellanos, han andado más listos. En vez de producir cereal, se dedican a hacer vino, que da bien de pasta -¡y así viven los cabrones! En el pueblo más perdido del valle puedes encontrar pedazo Mercedes aparcado en la puerta. Y oye, piso en el centro de Logroño 5 veces más barato que en Donosti.

Notable alto en economía. En política me despistan un poco más. No sé qué lío se traen con Álava, que si les roban empresas y población… No estoy informado y me pierdo, pero está claro que la gestión diplomática hay que mejorarla. Aunque haya una fabulosa cordillera, la muga la hemos echado pallá hacia el valle y a ojo no distingues Rioja de verdad y Rioja Alavesa. Pero a oído por Dios que sí. Porque en Laguardia se habla euskera, mucho euskera y muy euskera, aunque entiendas la mitad. Bueno, en cualquier caso, deberían darle una vuelta a la política.

En Turismo tienen un problema. En serio, demasiada gente disfrazada haciendo el ridículo. Eso cualitativamente; cuantitativamente, están invadidos, los pobres. Tiene narices encontrarse allí gente de Irún y de la carrera un fin de semana cualquiera. También topas gentes de Tolosa que no sabes que son de Tolosa pero se les nota en el euskera y les preguntas y efectivamente son de Tolosa.

Aunque la palma se la llevan los bilbaínos. Están por todas partes: probablemente haya más gente del Athletic que del Logroñés. Y algunos de ellos son muuuy malos (mención especial a Míchel Kapitan Basauri, que sabe muy bien que “todos los giputxis somos unos hijos de puta y el resto del mundo ya lo sabe también y merecemos que nos peguen y somos unos hijos de puta y somos ETA y sal tú aquí que te voy a dar de hostias”). Esto también deberían revisarlo. Que suban el peaje de la A68, si es que se puede, o un muro o algo, que es lo que se lleva ahora.

Culturalmente, molan. No elaboran tanto los pinchos, pero no tienes que hipotecar un riñón para cenar de potes. Les molan las iglesias (mola, aunque en algunas hay algún mensajillo en plan de Logroño venció al comunismo en tres días y viva el Generalísimo; que lo revisen también, si eso), las piedras y los puentes. Y el vino, mucho. Un poco brutos, aunque menos que nosotros, pero mucho más abiertos y hospitalarios. Sonríen cuando la gente canta en euskera por sus calles, algo atípico en Castilla, siendo el único que se da por ofendido Kapitan Basauri. Contradicciones que uno ve. En fin, en cómputo global, tirando sobresaliente.

Socialmente son enrollados. Joder, hay bares por todas partes y aguatan hasta bien entrada la madrugada. Hacen bien las copas, sin echarle chuminadas al gintonic, fieles a su estilo. Los tíos no bailan (bueno, algo más que los vascos) y alguna chica hasta intenta bailar contigo (eso aquí sí que no). A veces, si pasas de ellas, se cabrean y te mandan a paseo… Bueno, será anecdótico… Como cuando un riojano desconocido te hace una peineta de repente y luego va a abrazarte. Así sin más. La cosa queda simpática porque luego quiere invitarte, supongo que gente rara la hay en todos lados. En cualquier caso, notable también.

La clave está en que no saben jugar al mus. Además, en ocasiones son ambiguos, porque están de acuerdo y en desacuerdo porque ambas cosas son ciertas. Cositas. Así que aunque produzcan pelotaris y jugadores del Athletic, yo creo que NO son vascos.

Sea como fuere, no son castellanos al uso. Bella gente, bella tierra. Si retocaran dos detallitos, igual me replantearía el plan de vida…

*Ah, por cierto, la foto de arriba es en sí ya Navarra, pero estaba chula y me apetecía compartirla.